domingo, 3 de enero de 2010

Paren

Y háganme un favor: métanse sus mensajes optimistas en el orto.

Va a ser un año de mierda. Como el anterior, y el anterior, y el anterior, y el anterior, y el anterior, y el anterior, y el anterior, y el...

Creo que ya se entendió. Gracias.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Confusión II

Caballero, si se ve en la necesidad de formular la pregunta "¿te puedo dar un beso?", es porque la respuesta es "no".

Keep working.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Los años bonus track

Así, en líneas generales, las cosas que se festejan los días que se supone que hay que festejar cosas me dan urticaria. Caprichos de almanaque, ridículas formas de organizar el goce, las desdichas, de sacarnos de encima los duelos, de darles horarios de oficina. Desconfío del que me saluda “porque es el día de”, de los que se regalan chocolates sólo el catorce de febrero o la primera semana de julio y de los que se juntan a emborracharse en nombre de un santo irlandés.

En resumen, me ponen los pelos de punta aquellos que se enredan en ritos como quien renueva un plazo fijo. Sé que parte de todo este quilombo que llamamos sociedad tiene su razón de ser en esas costumbres que –Borges siempre lo dice mejor- nos repiten y nos confirman como un espejo. Pero si me dan a elegir, me quedo con la flor espontánea y el abrazo porque sí.

Ahora, resulta que en líneas particulares algunos aniversarios pesan. Y en esta época del año pesa saber que te quisiste ir del todo, pesa saber que aunque no pudiste, existió ese flashazo, ese instante de prescindencia absoluta en el que nada de todo esto fue lo suficientemente importante como para que te quedaras. Pesa saber -ahora que miro para atrás, porque entonces dicen que no había forma de que me diera cuenta- que estabas tan triste y te sentías tan solo y tenías tan poca fe en que pedir ayuda iba a hacer más liviana tu cruz.

Ese lunes de diciembre había sol y un cielo celeste con olor a verano y me dijiste que había mate recién hecho por si quería tomar. Seguro cruzamos un hasta luego y me fui a trabajar con la abulia que trae cualquier lunes -porque para mí era un lunes cualquiera- y aún hoy no sé si ya sabías, si ya habías decidido que no querías más luego para vos.

La tarde trajo teléfonos que nadie contestó. La noche trajo el miedo, que aturde y se siente amargo subiendo por la garganta. Y corrí por el pasillo y la perra hacía guardia a tus pies y ella dijo que respirabas y yo busqué los números de emergencia. Y vinieron médicos y me acuerdo también de un policía y un poco después hubo que tomar decisiones que nadie está preparado para tomar. Y hubo tardes en que cosí ropa con tu nombre, otras en que te llevé un libro aunque odiás leer y hubo una en un café en que te juré que la próxima te ibas a morir de viejo.

Y hubo gente que se borró, gente que no entendió, gente que no supo qué decir y está ok: hay protocolos para la muerte y para las enfermedades, pero no para esto. A los familiares de los muertos se les desea el pésame, a los enfermos se los visita y se les lleva flores. Pero acá se quedaron sin guión y a falta de un abrazo o un gesto de cariño, decidieron mejor esperar a que ver qué pasaba. Y qué mal tener que darse cuenta de que al fin y al cabo todo siguió -peor, seguro, pero siguió- sin ellos.

Y aunque es muy probable que nunca leas esto y es más probable que tampoco me anime a decírtelo, escribo porque todos los días me levanto esperando que me llames y me digas que vas a venir a conocer mi casa. Y que vuelvas al taller y a pasar las tardes sentado en la vereda en patas. Y sé que es muy difícil que eso pase y si lo pienso mejor, en el fondo me importa tres carajos. Hoy me importa que nos tenemos. Y festejo que te hayas quedado estos cuatro años y ojalá que vengan muchos muchos más.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Firma y aclaración

A Paula y Daniel

No importa lo que diga Hollywood, el amor no se siente como mariposas en el estómago. No importan los guionistas de Love story. No importa lo que haya escrito Neruda, los astros no tiritan azules a lo lejos, el viento en la noche no gira en el cielo y mucho menos canta. Nada que ver.


Más que como una bendición celestial con violines, el amor suena a canto de gallo. Y sí, canta el gallo y hay que ir a laburar. Y como en todo laburo, hay días en que pensás que haberte dedicado a eso es la mejor decisión que tomaste y hay otros en que lo pensás tres veces antes de levantarte de la cama. Hay días en que hacés todo bien y te comés el mundo y hay otros en que metés la pata hasta el fondo. Pero lo importante es que al otro día volvés y te das –y te dan- una nueva oportunidad.


Así que en este primer día de contrato –porque el matrimonio, como el trabajo, es un contrato- no voy a brindar porque sea para siempre. Hoy brindo porque cada día cuando cante el gallo y se levanten, se vuelvan a elegir otra vez.


lunes, 9 de noviembre de 2009

Queremos a Arjona


Queremos a Arjona porque él nos quiere a todas. A la cuarentona rolliza, a la ex modelo yonqui, a la pendeja puta, a la histérica, a la conchuda que lo dejó y a la que no le da bola porque está con otro. A to-das. Y nos quiere todo el tiempo. Incluso cuando somos monstruos hormonales y las publicidades de analgésicos nos ridiculizan, sí.


Queremos a Arjona porque sabe que para querernos a todas tiene él que ser, también, un poquito, todos. Y se construye a sí mismo enamorado inclaudicable, novio despechado, bohemio en plan trasnoche y superhéroe caribeño al rescate de las solas que pasan el sábado con un cuarto de helado frente a la tele.


Queremos a Arjona porque es alto, muy alto, y tiene acento raro y escribe cartas de amor a mitad de camino entre el desgarbo de Sabina y el sudor de latin lover de los rickimartins y los chayanes. Queremos a Arjona porque, en el fondo, se parece un poco al flaco de la vuelta y nos deja fantasear con cruzárnoslo en la panadería. Queremos a Arjona por esa incorrección impensada que a los tipos se les vuelve intragable.


Los tipos odian a Arjona porque los enfrenta a sus propios prejuicios, porque los vuelve chiquititos y vuelteros y egoístas y superficiales. Los tipos odian a Arjona porque su romanticismo todo terreno pone en evidencia que ninguno de ellos tiene tantos huevos como para enamorarse de una vieja gorda y cantárselo al mundo.

viernes, 23 de octubre de 2009

El inquilino

Al enanito bigotudo que mira de reojo mientras tipeo

tiene los ojos más verdes que hayas visto
como cuchillos verdes, infinitos
que se clavan en el mundo siempre por primera vez
como si al descubrirlo lo inventaran

perseguidor de sombras y curioso
de una forma casi casi terrorista
va gatillando signos de pregunta
y no hay no que valga, ni te gastes

otras veces es mirarlo y convencerte
de que, al fin de cuentas, love is all he needs
es gato y es libre y para julio son sinónimos
y por todo eso es polo, inevitablemente polo

domingo, 18 de octubre de 2009

Psicología vegetal

la niña z || Votemos: ¿Música? ¿Iceberg? Música, entonces. dice:
estornudo todo el tiempo

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
pero eso es alergia

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
tu alergia al polvo

la niña z || Votemos: ¿Música? ¿Iceberg? Música, entonces. dice:
me parece que es el polen

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
seguro

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
por esta zona hay mucho arbol pelotudo que tira polen

la niña z || Votemos: ¿Música? ¿Iceberg? Música, entonces. dice:
jajajaja

la niña z || Votemos: ¿Música? ¿Iceberg? Música, entonces. dice:
arbol pelotudo?

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
si, un arbol macho es ese que tiene hojas comunes, nada de flores o cositas de colores

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
un arbol con florcitas y esas cosas es un pelotudo

Estamos en el fondo, pero la esperanza es lo último que se pierde dice:
y encima pretencioso